La teoría relata que los gnomos de jardín hacen referencia a los pigmeos que se requerían para llevar a cabo trabajos en minas desde hace siglos, y que quedaron en el imaginario colectivo ya que utilizaban sombreros rojos rellenos con paja como medida de seguridad ante posibles derrumbes. Sus prendas de colores llamativos para poder mejoraban su visibilidad en medio de la oscuridad.
Siglos después, en Alemania, se elaboraron de manera artesanal los gnomos tal como los conocemos, con barbas blancas pobladas y sombreros puntiagudos. Pintados a mano comenzaron a imponerse como obras de arte e impulsados por los mitos locales empezaron a instalarse en los jardines de todo el país con la creencia de que atraían la buena suerte y protegían la naturaleza donde se instalaban.
Al principio, los gnomos de jardín se esculpían a mano y después se creaban moldes que se rellenaban con arcilla. Más tarde, se cocinaban al horno para que se consolidara esa masa y se hicieran resistentes y, por último, se pintaban a mano para luego enviarlos a todo el mundo. Así fue como surgió una industria que no solo ha traspasado fronteras, sino que se ha exportado a todo el mundo y se ha expandido gracias a la televisión y al cine, aunque manteniendo siempre la simpatía y amabilidad de estos pequeños sabios que nos inspiran a amar la naturaleza.